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Lucidez terminal: cuando la despedida parece una recuperación

Shawell Peña

La muerte es un proceso complejo que, en ocasiones, va acompañado de fenómenos que resultan inexplicables para quienes los presencian. Uno de ellos es la recuperación repentina, en personas que se encuentran en las etapas finales de una enfermedad terminal.

Para muchas familias, estos momentos generan esperanza y desconcierto al mismo tiempo, pues parecen contradecir el deterioro que habían observado durante semanas o meses.

La historia de Luz Patria, ilustra con claridad esta realidad. A los 72 años fue diagnosticada con un tumor cerebral. Ante la imposibilidad de ofrecer un tratamiento curativo, los médicos recomendaron que regresara a casa para recibir cuidados paliativos y pasar el tiempo que le quedaba rodeada de sus seres queridos.

Pocos días después, dejó de hablar y de abrir los ojos. Su estado era similar al de una persona en coma. Durante semanas, sus hijos y nietos permanecieron a su lado día y noche, cuidándola con dedicación, procurando que estuviera cómoda y preguntándose constantemente si podía escucharlos o si estaba sufriendo.

Cuando estaba a punto de cumplirse un mes en esa condición, ocurrió algo inesperado. Una mañana abrió los ojos, brillantes como en sus mejores días. Volvió a ser ella: alegre, amorosa y llena de sentido del humor. Se levantó de la cama, caminó, se sentó en el sillón y repartió abrazos, besos y numerosos “te amo”. La felicidad inundó el corazón de toda la familia. Por unas horas, sintieron que la habían recuperado.

Neuróloga Sorivel Álvarez Lassis.Fuente externa

Sin embargo, al día siguiente regresó a la condición en la que se encontraba antes. En la madrugada, falleció. Ella era mi abuela.

Esta repentina recuperación la hemos visto suceder en numerosas ocasiones, y es exactamente como reza la frase popular: “Todo el que se alienta se va a morir”, y aunque muchas veces parece un fenómeno inexplicable, esto tiene un nombre y existe una explicación para ello.

“Lucidez terminal” es el nombre adjudicado por la ciencia, un fenómeno neurológico que nos recuerda lo poco que aún sabemos del cerebro humano.

La neuróloga Sorivel Álvarez Lassis, explica que, esta consiste en la recuperación transitoria de la claridad mental en personas que presentan un deterioro cognitivo severo o una alteración crónica de las funciones mentales superiores, poco antes de fallecer.

Esta se manifiesta principalmente en pacientes con enfermedades neurodegenerativas avanzadas como Alzheimer y otras demencias, así como en personas con tumores cerebrales, secuelas neurológicas extensas o enfermedades terminales complejas.

Lo que hace particularmente impactante esta manifestación, según la especialista, es que algunos pacientes vuelven a reconocer a sus familiares, logran mantener conversaciones coherentes y expresar pensamientos o emociones con una claridad que parecía haberse perdido mucho tiempo atrás.

Aunque aún no existe una explicación definitiva, Álvarez Lassis afirma que la lucidez terminal continúa siendo uno de los fenómenos menos comprendidos de la neurociencia contemporánea. Sin embargo, aclara que no representa una recuperación real de la enfermedad, sino un episodio transitorio dentro del proceso biológico final.

Señales

Entre las manifestaciones más características se encuentran la recuperación inesperada de la comunicación, el reconocimiento de familiares, la capacidad de sostener conversaciones coherentes y una mejoría súbita del estado cognitivo en pacientes que previamente presentaban un deterioro avanzado.

“Lo que más llama la atención es el contraste entre el estado habitual del paciente y ese momento de claridad repentina”, explica la especialista con consulta en Cemer Clínic, Neurodiagnóstica del Este y el Hospital Central Romana.

Esta sorpresiva mejoría, tiene una duración variable, explica la neuróloga, pues en algunos casos puede durar apenas unos minutos, y en otros puede extenderse durante horas y, “de manera excepcional, hasta uno o dos días”.

“Las series clínicas publicadas indican que, en la mayoría de los casos documentados, el fallecimiento ocurre dentro de los siete días posteriores al episodio. Esta es una de las características que permite, en retrospectiva, identificarlo como lucidez terminal y no como otro fenómeno” dijo.

Un momento que marca a la familia

Para los familiares, este episodio suele convertirse en una experiencia profundamente emocional. La neuróloga, explica que, “algunas personas lo interpretan como una oportunidad inesperada para despedirse, expresar afecto o cerrar conversaciones pendientes. Otras, sin embargo, pueden vivirlo con confusión o generar falsas expectativas sobre una posible recuperación”.

Ante estas situaciones, la doctora Sorivel, considera fundamental el acompañamiento médico y emocional adecuado para ofrecer información clara y sensible sobre lo que está ocurriendo.

“Mi recomendación es vivir ese momento desde la presencia y el vínculo humano, entendiendo que, aunque parezca una mejoría, forma parte habitual del proceso final de la vida. En muchos casos termina convirtiéndose en un recuerdo profundamente significativo para la familia”, explica.

El misterio que envuelve al cerebro

Más allá de su impacto emocional, la lucidez terminal también abre interrogantes sobre el funcionamiento cerebral y los límites del conocimiento científico.

“La lucidez terminal nos recuerda que el cerebro humano sigue siendo uno de los grandes misterios de la medicina. A pesar de los avances científicos de las últimas décadas, todavía existen aspectos de la conciencia y del funcionamiento cerebral que no comprendemos por completo”.

La especialista añade que este fenómeno plantea preguntas relevantes sobre la memoria, la conectividad neuronal y la capacidad del cerebro de preservar funciones incluso en estados muy avanzados de enfermedad.

Más allá de las respuestas que aún faltan, la lucidez terminal también nos deja una reflexión profundamente humana sobre la complejidad del cerebro y la experiencia del final de la vida, concluyó diciendo.

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