Madrid.- El presente es latino, canta en español y este sábado ha dejado un baile inolvidable y conciliador en Madrid, eventual punto de encuentro de muchas de las culturas iberoamericanas, en el inicio de una histórica residencia de Bad Bunny con Myke Towers como invitado inaugural.
Las primeras 64.000 personas de las 640.000 que pasarán por estos diez conciertos en el estadio Metropolitano de la capital española han disfrutado ya de la tremenda descarga de energía de la gira de este ‘Debí tirar más fotos’, que ya ha marcado registros únicos, como el primer Grammy al «álbum del año» para un disco en español.
Mi primera noche en Madrid en mucho tiempo y quiero disfrutarla al máximo con ustedes; vamos a hacer que merezca la pena. ¡Si ustedes se van de aquí sin haber perreado, no pueden decir que han venido a un concierto de Bad Bunny y yo quiero ver a Madrid perreando!», ha proclamado el artista puertorriqueño en uno de los muchos momentos álgidos de este «show».Seis años hacía que el «conejo malo» no se pasaba por aquí, un plazo en el que ha crecido hasta convertirse en una figura tan determinante de la música global que, cuando en el futuro se recuerden los años 20 de este siglo, él aparecerá indisolublemente ligado a ellos de la misma manera que Michael Jackson a los 80 o Nirvana a los 90.
La singularidad de ocasiones así se respira desde la entrada misma al recinto, en la transversalidad del público: mucha gente joven, sí, pero también de otras generaciones y todo tipo de extracciones sociales, en busca de uno de los artistas que está marcando la pauta del presente en lo musical y en lo social; de ahí que bastantes portaran una pava, el sombrero de paja de los campesinos de su país, que popularizó con su actuación en la Súper Bowl.
Marcaba el reloj, puntual, las ocho de la tarde, aún con buena luz, cuando, estimulados por un vídeo previo, el público se ha sumado a la invocación del artista, utilizando para ello los primeros versos de ‘La mudanza’, los de «Benito, hijo de Benito, le decían Tito».Son, de hecho, los numerosos momentos de corte la única nota negativa de este concierto, junto con el habitual enfangado sonido del estadio Metropolitano, que ha hecho incluso aún más difícil descifrar el fraseo, de por sí cerrado, de Bad Bunny, no para sus fieles, que han coreado cada letra con la claridad y vehemencia con la que otros recitan la Biblia.
El escenario principal retoma el pulso para el último tramo, en el que suenan cortes como ‘Ojitos lindos’, ‘La canción’, que hizo junto a J Balvin, o, sobre todo, ‘Dákiti’. También es el lugar de ‘El apagón’, ‘DtMF’ y ‘EoO’, en un final que a algunos lleva a esbozar en alto que este podría ser el mejor concierto que se ha visto en el Metropolitano.









