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Honestidad intelectual

Al igual que Santiago Zabala, aquel personaje de Mario Vargas Llosa que se preguntaba " En qué momento se había jodido el Perú", algunos se hacen la misma pregunta con relación a la República Dominicana. Sufren que nuestro país atraviesa un estado de degradación moral, ante la inoperancia de una clase política que se ha quedado sin respuestas adecuadas, pues muchos de sus integrantes, no tienen vocación de servicio, sino, inmensos deseos de acumular fortunas.

Ante esa innegable realidad, la pregunta se hace obligada: ¿Para qué sirven los intelectuales? Algunos dirían que toda sociedad necesita un Michel Foucault, para hacer entender las relaciones de poder. Otros argumentarían que es incomprensible una sociedad sin Martin Heidegger y sus inconmensurables conocimientos de filosofía. Dicha pregunta jamás sería respondida satisfactoriamente, si no se dice con responsabilidad absoluta, que los intelectuales, solamente le sirven a su patria, si asumen una actitud crítica ante los males sociales, sin exigir prebendas económicas. " El orden económico debe permanecer subordinado a la dignidad humana` dice el Papa León XIV en su encíclica " Magnífica humanitas".

Siempre voy a preferir a los intelectuales de la talla moral de Paul Sartre, Noam Chomsky, Victor Raúl Haya de Torre y los dominicanos: Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez. Este artículo lo motivó alguien que me dijo textualmente: " Profesor, usted está dando mucho el pecho por Guido" ¿Qué cree este hombre del pueblo?

-En su mentalidad, cree, pues está claro que no piensa-, que es preferible no asumir una actitud crítica e incursionar en la política en busca del mejor postor.

Malvada creencia. " El doctor Guido Gómez Mazara es uno de los políticos dominicanos con mayor resistencia ética y convencimiento pleno de que los liderazgos no se forjan comprando voluntades en un mercado persa. Guido está emocional y académicamente preparado para ejercer como presidente de la República Dominicana" Eso le dije con honestidad intelectual a mi amigo de ojos alelados.

Ramón Rodriguez

centrodeidiomaswashington@g

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