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La Gran Parada Dominicana del Bronx debe ser recordada por su cultura, no por los actos aislados de unos pocos

Por Elida Almonte.-

Cada año, cuando la bandera tricolor ondea en el Grand Concourse del Bronx, los dominicanos escribimos una nueva página de orgullo. La Gran Parada Dominicana del Bronx no es simplemente un desfile; es una manifestación de identidad, de historia, de gratitud hacia una comunidad que, durante décadas, ha contribuido al crecimiento económico, cultural y social de la ciudad de Nueva York.

Miles de familias acudieron nuevamente para celebrar nuestras raíces, nuestra música, nuestra gastronomía y nuestras tradiciones. Niños, jóvenes, adultos mayores, líderes comunitarios, empresarios, artistas y autoridades compartieron un mismo sentimiento: el orgullo de ser dominicanos.

Ese fue el verdadero éxito de la jornada.

Sin embargo, una vez más, las redes sociales terminaron concentrando su atención en videos de desorden ocurridos después de concluida la actividad oficial, dejando en un segundo plano el extraordinario valor cultural de una de las celebraciones más importantes de la diáspora dominicana.

Es importante poner los hechos en contexto.

La Gran Parada Dominicana del Bronx concluyó su programación oficial alrededor de las2:00 de la tarde. Como ocurre en todo evento multitudinario, el desfile tiene un horario, una ruta establecida y un equipo organizador responsable de su desarrollo. Una vez finalizada la actividad oficial, miles de personas permanecieron en las inmediaciones y otras comenzaron a desplazarse hacia diferentes puntos de la ciudad.

Fue precisamente después de concluida la parada cuando comenzaron a circular en redes sociales imágenes de peleas, actos de desorden y otras situaciones lamentables ocurridas fuera del desarrollo oficial del desfile.

Muchos asistentes señalaron que algunos grupos que no lograron incorporarse a la actividad organizada permanecieron en las calles cercanas y posteriormente se desplazaron hacia otras zonas de la ciudad, incluyendo Dyckman Street, en Manhattan, donde continuaron las concentraciones de personas durante horas. Estos hechos no pueden confundirse con la organización ni con el desarrollo de la Gran Parada Dominicana del Bronx.

Sería profundamente injusto responsabilizar a una actividad cultural por acciones ocurridas posteriormente y fuera de su programación oficial.

Del mismo modo, sería un grave error estigmatizar a toda la comunidad dominicana por el comportamiento de una minoría de personas que actúan de manera irresponsable. Tampoco es correcto asumir que todos los involucrados en los incidentes registrados en los alrededores de la parada eran de origen dominicano. Nueva York es una ciudad diversa y estos espacios congregan a personas de múltiples nacionalidades. La responsabilidad debe recaer exclusivamente sobre quienes protagonizaron los hechos, independientemente de su origen, y no sobre una comunidad entera que ese día acudió a celebrar su cultura de manera pacífica.

Quiero reconocer el extraordinario trabajo de Felipe Febles, de los organizadores, de los cientos de voluntarios, de las instituciones participantes y de las agencias de seguridad que cada año hacen posible un evento que reúne a decenas de miles de personas. Organizar una actividad de esta magnitud representa un enorme reto logístico y humano que merece respeto y respaldo.

Como comunidad también debemos hacer nuestra parte.

Debemos promover una cultura de respeto, fortalecer la educación cívica de nuestros jóvenes y rechazar categóricamente cualquier conducta que empañe el buen nombre de los dominicanos. La inmensa mayoría de quienes asistimos a la parada lo hacemos para celebrar nuestras raíces, compartir en familia y transmitir a nuestros hijos el orgullo de ser dominicanos.

No permitamos que unos pocos secuestren la narrativa de una celebración que pertenece a todo un pueblo.

La Gran Parada Dominicana del Bronx debe seguir siendo conocida por el colorido de nuestras comparsas, por el sonido de nuestros merengues y bachatas, por el talento de nuestros artistas, por el esfuerzo de nuestros emprendedores y por el ejemplo de una comunidad trabajadora que ha sabido abrirse camino con sacrificio y dignidad.

Nuestra identidad vale mucho más que unos videos virales.

Defender nuestras manifestaciones culturales también significa defender la imagen de nuestra comunidad, apoyar a quienes dedican meses de trabajo para hacer posible estos eventos y recordar que el comportamiento de una minoría nunca podrá definir la esencia de un pueblo entero.

Que el próximo año la noticia vuelva a ser la misma de siempre: miles de dominicanos celebrando con orgullo sus raíces, fortaleciendo los lazos de la diáspora y demostrando que nuestra cultura continúa siendo uno de los mayores motivos de orgullo de la ciudad de Nueva York.

Porque la Gran Parada Dominicana del Bronx no es el escenario de unos pocos. Es el patrimonio cultural de toda una comunidad.

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