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El GLP: precio justo… ¿y la seguridad? (1)

Hace algunas semanas el Instituto de Energía de la UASD colocó sobre la mesa una discusión que entendemos no deberíamos pasar por alto ni tampoco aceptarla o rechazarla sin los mayores miramientos. En general, el estudio hecho público cuestiona la composición utilizada como referencia para fijar el precio del gas licuado de petróleo y también la forma de medirlo, varios cargos incorporados al Precio de Paridad de Importación (PPI) y la transparencia de una cadena comercial que afecta a hogares, restaurantes, industrias y transportistas.

El estudio nos obliga a distinguir tres realidades que suelen confundirse, a saber: la mezcla tomada para calcular el precio, la composición admitida por la especificación técnica y la composición efectiva de cada embarque. Tomadas estas tres realidades en cuenta mal haríamos en reducir la discusión a la sustitución mecánica de una mezcla 70 propano /30 butano por otra 90/10. Lo importante aquí sería determinar qué producto llega realmente al país, cuánto cuesta y con qué propiedades se entrega.

El Reglamento de aplicación de la Ley 112-00 utiliza como referencia la primera mezcla mencionada. En contraposición, la Norma Dominicana 220 de 2015, citada por la UASD, admite para el GLP comercial un contenido de propano y componentes más livianos entre 70% y 90%, y de butano y componentes más pesados entre 10% y 30%, estableciendo una presión de vapor máxima de 200 psi(g) a 37.8 grados Celsius. Es necesario puntualizar que el denominado propano comercial suele contener como mínimo alrededor de 90% de propano, mientras el porcentaje restante puede estar integrado por propileno, butanos y otros hidrocarburos ligeros. Por esta sencilla razón no debemos identificarlo automáticamente con una mezcla exacta de 90% de propano y 10% de butano.

De lo expuesto se desprende que un cargamento puede acercarse al referido propano comercial y, aun así, cumplir la especificación dominicana. Nos preguntamos: ¿por qué valorar como 70/30 un producto que contiene mucho menos butano, especialmente cuando la diferencia de precios entre ambos componentes puede favorecer al importador? Como hemos señalado en otros temas relacionados con la calidad de los productos, los empresarios y comerciantes deben cumplir sus promesas, lo que significa en este caso que el usuario debería pagar no por una composición teórica que probablemente nunca llegó al puerto, sino por el combustible que realmente recibe.

Pero, ¿acaso una sospecha razonable equivale a una conclusión demostrada? El hecho es que para establecer cuál mezcla prevalece deberían publicarse, durante un período representativo, los certificados de calidad, análisis cromatográficos, densidades, presiones de vapor, facturas comerciales, conocimientos de embarque y procedencia de cada cargamento. En ausencia de este ejercicio, que hasta donde sabemos no se realiza de manera pública y sistemática, la base 90/10 puede ser una aproximación plausible, si bien dista mucho de ser una verdad estadística suficientemente probada. Como bien sabe el mencionado instituto, cuando reclamamos transparencia al mercado, lo primero es comenzar por la objetividad y transparencia integral de la investigación.

La propuesta cuestiona además los cargos introducidos mediante las resoluciones MIC 07-13 y 365 bis-15, el uso de referencias bursátiles para determinar el precio FOB aun cuando existan contratos con descuentos y una comisión de transporte que no siempre refleja distancia ni tipo de combustible. Conviene advertir que la reducción cercana a RD$36 por galón presentada por el instituto no procede exclusivamente de reconocer una composición distinta; más bien surge de modificar simultáneamente cargos, transporte, referencia de precios y compensación térmica. En este sentido, cada componente debe examinarse por separado, porque una buena conclusión no puede descansar en la suma apresurada de supuestos diferentes.

Con miras a enriquecer la discusión deberíamos inclinarnos por la evidencia verificable, reglas transparentes y decisiones que no beneficien a una parte a costa de la otra. Por ello, el primer paso no es cambiar la mezcla; más importante es conocer con precisión cuál (mezcla) compramos, cuánto pagamos por ella y quién obtiene la diferencia.

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