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Santo Domingo, RD. – La intersección de la Calle 10 (también conocida como Mutualismo) con la Avenida Barney Morgan se ha convertido en el escenario vivo de una de las contradicciones más complejas de nuestra capital: mientras un grupo de padre de familia se gana la vida impiden y el derecho a la libre circulación.
Por décadas, un pequeño mercado informal ha operado en esta esquina. Para muchos, este punto es un motor económico vital. En un panorama donde el empleo formal suele ser esquivo, este mercado representa el sustento de decenas de padres y madres de familia que, con dignidad, llevan el pan a sus hogares.
Asimismo, los lugareños defienden el espacio por la accesibilidad y los precios bajos de los productos de primera necesidad, los cuales consiguen a solo pasos de sus casas.
Las calzadas y las aceras están ocupadas por vendedores y puestos de productos que operan bajo sombrillas y lonas. Jorge González
Sin embargo, la otra cara de la moneda es el colapso urbano, como lo comprobó un equipo de El Nacional que anduvo en la zona.
Y como siempre lo que comenzó como un grupo de puestos informales, en el ensanche Espaillat del Distrito Nacional hoy es un mini mercado que origina un taponamiento diario que asfixia el tránsito de la zona
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Los puntos de fricción del conflicto
Con en pasar de los años los tarantines y la mercancía se han extendido de tal forma que han invadido las aceras, obligando a los peatones a caminar por el asfalto, exponiéndose a ser atropellados.
También los automóviles y el transporte público que circulan por las avenidas Barney Morgan y la calle 10 se enfrentan a un embudo constante debido a los al poco espacio que hay en el lugar y los compradores que se detienen en plena vía.
Por décadas, un pequeño mercado informal ha operado en esta esquina. Para muchos, este punto es un motor económico vital. En un panorama donde el empleo formal suele ser esquivo, este mercado representa el sustento de decenas de padres y madres de familia que, con dignidad, llevan el pan a sus hogares.
Ahora después de un tiempo ya los propios vecinos y conductores denuncian que la falta de un régimen de consecuencias ha permitido que el caos se normalice con el paso de los años, y piden a las autoridades a buscar una solución, ya que posiblemente se esté a tiempo de que todo pueda empeorar.
"Entendemos que la gente necesita buscarse la vida, pero el derecho de unos pocos no puede secuestrar el bienestar de toda una comunidad. Ya no se puede ni caminar por aquí", expresó un conductor afectado que transita diariamente por el sector.
Un llamado urgente a la Alcaldía y la Digesett
La comunidad reconoce el valor social del mercado, pero coincide en que la situación ha llegado a un punto insostenible. Ciudadanos exigen que la Alcaldía del Distrito Nacional y los agentes de la Dirección de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (Digesett) intervengan de manera conjunta.
La solución no debe ser el simple desalojo que deje a las familias en el desamparo, sino una reubicación estratégica o una regularización estricta que devuelva las aceras y las calles a quienes corresponden: los ciudadanos y sus vehículos.
Es tiempo de aplicar la ley, ordenar el territorio y demostrar que el desarrollo urbano de la capital no tiene por qué enemistarse con la supervivencia de su gente.









