Hay historias que no necesitan grandes escenarios para conmover. A veces, basta una sala familiar, fotografías llenas de recuerdos y la voz serena de una mujer que ha dedicado gran parte de su vida a cuidar, educar y amar.
Así es Yomari Santo, empresaria, madre de cinco hijos, abuela de ocho nietos y propietaria de Cleanservice.ys, una empresa especializada en limpieza profunda de muebles, casas, apartamentos, oficinas y otros espacios. Detrás de su faceta empresarial existe una mujer cuya mayor satisfacción no se mide en logros profesionales, sino en la familia que ha construido a lo largo de los años.
Al abrir las puertas de su hogar, también abre las páginas de una vida marcada por el esfuerzo, la fe y la maternidad.
“Me siento más que afortunada de ser madre y ser abuela”
Convertirse en madre fue una experiencia tan hermosa como desafiante.
Yomari recuerda que tenía apenas 23 años cuando llegó su primer hijo. Como muchas mujeres de su generación, enfrentó la maternidad sin teléfonos inteligentes, sin tutoriales en internet y sin la inmediatez de las respuestas que hoy parecen estar al alcance de un clic.
“Fue una etapa muy sufrida los primeros días, porque era la primera vez que iba a tener un bebé”, recuerda.
Sin embargo, nunca estuvo sola.
Su madre se convirtió en el pilar que sostuvo aquel proceso lleno de incertidumbres y aprendizajes.
“Cuando tuve mi primer bebé, lo tuve en la casa de mi madre. Ella me llevó en todos los pasos”, cuenta con gratitud.
Aquella experiencia le enseñó algo que todavía defiende con firmeza: la importancia de la familia como refugio en los momentos más importantes de la vida.
“Uno se sentía protegido”, afirma al recordar aquellos años.
- La crianza de antes y la de ahora
Después de criar cinco hijos y ahora acompañar el crecimiento de ocho nietos, Yomari ha sido testigo de cómo han cambiado las dinámicas familiares.
Yomari Santo posa junto a su esposo, hijos
Reconoce que la tecnología ha traído avances importantes y herramientas que facilitan muchas tareas. Sin embargo, considera que también ha creado nuevas barreras dentro de los hogares.
“La tecnología ha ayudado un poco, pero también ha dañado”, reflexiona.
Su principal preocupación no tiene que ver con los dispositivos en sí, sino con la pérdida de espacios para conversar y compartir en familia.
“La comunicación es lo mayor en una familia. Si no hay comunicación entre padre e hijo, la cosa marcha mal en el hogar”.
Para ella, la crianza sigue teniendo la misma esencia que hace décadas: presencia, atención y amor.
Y aunque reconoce que los tiempos han cambiado, insiste en que los valores continúan siendo la base sobre la que debe construirse cualquier familia.
Ocho nietos y una casa llena de vida
Si la maternidad marcó una etapa importante en su vida, la llegada de los nietos abrió un capítulo completamente distinto.
Hoy, su hogar es escenario frecuente de visitas, conversaciones y encuentros familiares.
Cuando se le pregunta si el amor de los abuelos es diferente al de los padres, responde sin titubeos.
Tres de los hijos de Yomari Santo durante su infancia.
“Los nietos se quieren igual que los hijos, porque son hijos de tus hijos”.
La frase sale con naturalidad, como una verdad que ha comprobado con el paso de los años.
“Uno les brinda protección, les brinda amor a los nietos igual que a los hijos”, añade.
Para Yomari no existe una competencia entre ambos amores.
Lo que existe es una expansión del corazón.
Una nueva oportunidad de disfrutar la familia desde una perspectiva distinta, sin las preocupaciones propias de la crianza diaria, pero con la misma entrega.
El momento en que los hijos emprenden su vuelo
Toda madre sabe que llegará el día en que sus hijos construirán sus propios hogares.
Pero saberlo no hace que sea más fácil.
“Se siente un poquito triste porque ya ellos se fueron”, admite.
Es una tristeza serena, de esas que vienen acompañadas de orgullo.
Porque aunque los hijos ya no viven bajo el mismo techo, la cercanía emocional permanece intacta.
“Ellos siempre vienen a visitarme. Es raro que aquí no venga uno de ellos”, dice entre sonrisas.
Las visitas constantes, las llamadas y la presencia de los nietos han convertido la nostalgia en gratitud.
La gratitud de saber que el amor sembrado durante años sigue regresando a casa.
- Una vida guiada por la fe
A lo largo de la conversación hay una palabra que aparece una y otra vez: Dios.
Está presente en los recuerdos de su maternidad, en los desafíos que enfrentó y en los consejos que ofrece a las nuevas generaciones.
Yomari Santo junto a algunos de sus hijos y nietos.
Para Yomari, la fe ha sido una guía permanente.
Por eso, cuando se le pregunta qué mensaje daría a las madres jóvenes, su respuesta está profundamente ligada a sus convicciones.
“Hay que incluir a la familia en los caminos de Dios”.
Considera que la fe, los valores y la unión familiar son pilares fundamentales para construir hogares más sólidos y generaciones mejor preparadas para enfrentar los desafíos de la vida.
Empresaria, madre y abuela. Tres facetas que resumen gran parte de la historia de Yomari Santo Chala.
Sin embargo, detrás de cada una de ellas existe una mujer que ha dedicado su vida a cuidar, acompañar y amar.
Entre fotografías familiares, recuerdos de infancia y las risas de ocho nietos que llenan de vida su hogar, Yomari demuestra que el verdadero éxito no siempre se mide por los logros profesionales ni por los bienes materiales.
Se mide en las generaciones que crecen gracias al amor que alguien decidió sembrar.
Y mientras observa a sus hijos y nietos continuar sus propios caminos, conserva la misma certeza que ha guiado toda su vida:
“Me siento más que afortunada de ser madre y ser abuela”.
Hoy, rodeada de hijos, nietos y recuerdos, Yomari contempla con serenidad una vida que ha valido la pena. Una vida construida sobre sacrificios silenciosos, enseñanzas cotidianas y un amor que, lejos de disminuir con el tiempo, ha encontrado nuevas generaciones donde seguir creciendo.









