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El buey habló

El buey habló

El jueves pasado, muchos bueyes, forzados a trabajar, hablaron sin parar. No era "el buey que más jala, ni belleza, ni Cabo e Vela", sino unos holgazanes amparados por un Congreso Dominicano, que decidió institucionalizar la necesidad de equilibrar el trabajo con la devoción católica.

La celebración del Corpus Christi, que es inamovible, es festivo nacional en solo cuatro países del mundo. En este contexto, muchos dominicanos aprovecharán la ocasión para vacacionar desde el jueves hasta el próximo lunes.

El origen de esta festividad se remonta a la ciudad italiana de Bolsena, donde en 1263, el sacerdote Pedro de Prague, lleno de dudas sobre la transubstanciación (la creencia de que el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo), vivió un acontecimiento asombroso.

Al levantar la hostia durante la misa, esta se transformó en un pedazo de carne del que brotaba sangre. Posteriormente, gracias a la insistencia de la monja Juliana de Cornillón, quien tenía visiones sobre las ostias y la luna, el Papa Urbano IV reconoció este milagro e instituyó las celebraciones en honor a la Eucaristía.

En la versión dominicana del milagro, un agricultor decidió hacer trabajar a su buey en este día sagrado, desoyendo la costumbre de que los fieles asistan a la misa y participen en las festividades religiosas. Al verse obligado a laborar, el buey supuestamente habló, quejándose de que no debía estar trabajando en un día tan importante.

La firmeza de la Iglesia sobre la inamovilidad de esta celebración es priorizar la devoción religiosa en favor del trabajo cotidiano.

A pesar de que nuestra Constitución es laica y que los católicos ya no son mayoría, seguimos, como borregos, aceptando que 7 de los 12 días festivos nacionales sean de carácter religioso.

Algunos de estos días están basados en supuestos milagros y leyendas que desafían cualquier lógica y verificación. Por ejemplo, se cuenta que, en el Santo Cerro, por intervención de la Virgen de las Mercedes las flechas disparadas por los indígenas se volvieran como un boomerang.

En tiempos convulsos como los actuales, donde es fundamental priorizar el trabajo y la producción, es hora de que alguno de nuestros legisladores se atreva a proponer la eliminación o sustitución de algunas de estas fechas, así como cuestionar la inamovilidad de las mismas. 

Es momento de dejar atrás la excusa del infame concordato firmado entre Trujillo y el Vaticano. 

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